O Ballet de l’Opéra National de Paris montou Orfeu e Eurídice sob direção de Pina Bausch.
Exposição em homenagem ao centenário de Nelson Rodrigues

Reproduzido do site da Funarte [via perfil do Facebook da Fundação Casa de Rui Barbosa]:
Em cartaz a partir de 31 de janeiro, no Teatro Glauce Rocha, no Rio, a exposição Nelson Brasil Rodrigues – 100 anos do Anjo Pornográfico abre, neste ano, as comemorações e homenagens ao centenário de um dos maiores dramaturgos brasileiros. Nelson Rodrigues, se fosse vivo, completaria 100 anos em agosto.
A convite da Fundação Nacional de Artes – Funarte, os curadores Crica Rodrigues e Nelson Rodrigues Filho fazem um recorte na extensa e variada obra do polêmico escritor e contam um pouco da história de cada uma de suas 17 peças teatrais.
Para o presidente da Instituição, Antonio Grassi, a exposição é também uma oportunidade para que as novas gerações conheçam um pouco do universo rodriguiano. “Considero importante homenagear esse que é um dos maiores nomes da dramaturgia nacional. Sua obra, provocante e original, muito contribuiu para a nossa cultura. Nelson Rodrigues foi o pioneiro da dramaturgia moderna brasileira e seus textos expõem o inconsciente da classe média. No centenário de seu nascimento, a Funarte tem o prazer de trazer ao público um pouco de sua vida e obra”, afirma.
Cedidos do riquíssimo acervo do CEDOC – Centro de Documentação da Funarte, textos do próprio autor, de diretores de teatro, matérias de jornal, programas das peças, críticas, além de memoráveis e históricas fotos, desde a estreia com A Mulher Sem Pecado até A Serpente, sua última peça, fazem a fotografia da época em painéis deslizantes que levam a um passeio pelo que ele chamou de “O Teatro Desagradável”: as peças Psicológicas, as Míticas, chegando às Tragédias Cariocas – muito felizmente divididas desta maneira por Sábato Magaldi.
Experientes habitantes do mundo rodrigueano, como artistas que são, o cenógrafo Ronald Teixeira, vencedor da Triga de Ouro, maior prêmio de cenografia do mundo, na Quadrienal de Praga, e a sempre premiada luz de Aurélio de Simoni trazem à exposição o calor da alma humana, muito bem descortinada na obra teatral de Nelson Rodrigues. O áudio de uma entrevista concedida pelo autor à Fernanda Montenegro será disponibilizado em fones. Algumas roupas que o dramaturgo costumava usar e sua inseparável máquina de escrever também ficarão expostas ao público. No ambiente, além de frases em looping, os visitantes poderão ouvir algumas das músicas preferidas de Nelson.
Junto a todos os movimentos comemorativos espalhados pelo Brasil, a exposição Nelson Brasil Rodrigues – 100 anos do Anjo Pornográfico torna-se mais uma fonte de informação e pesquisa, proporcionando às novas gerações o resgate do autor que mais conhecia a alma do brasileiro.
Nelson Brasil Rodrigues – 100 anos do Anjo Pornográfico
Teatro Glauce Rocha – Sala Aloísio de Magalhães
Av. Rio Branco,179 – Centro – Rio de Janeiro (RJ)
Telefone: (21) 2220 0259
Abertura: 31 de janeiro, terça-feira, às 19h
De quarta a domingo, das 10h às 20h
Entrada gratuita
Arquivado em Exposição
Cinco cartas inéditas de Julio Cortázar

Cinco cartas inéditas de Julio Cortázar foram publicadas no site da Revista Ñ [via blog da revista Ler]:
A Aurora Bernárdez
París, viernes 3 de abril de 1965
Topotita Itaíta: Vos, ahí. Yo esperando, ahí. A las cuatro y media por expreso, ahí. Pero me alegré mucho con tu carta, que respira sol romano (y trabajo en la FAO, pobrecita).
No lo niego: vos me invitaste y yo no fui. Pero si supieras cómo me estoy quitando trabajo de encima, cómo pongo al día mi correo, cómo paseo por París que está maravilloso, y cómo voy a conciertos, cines y teatros, comprenderás que hice muy mal en no irme con vos porque corro el peligro de perder ocho kilos. Es increíble (hablo en serio) la cantidad de cosas que tengo que hacer antes de que nos vayamos. Lo de Harss quedó interrumpido, y me lo reclaman de Buenos Aires; comprenderás que tengo para cuatro o cinco días de trabajo. Los líos editoriales me llevan horas hasta dejarlos más o menos encaminados, y como se traducirán, espero, en dólares, creo que vale la pena. Para tu regocijo especial sigo recibiendo reviews de los USA, todas favorables hasta ahora menos una de un tal Orville Prescott, en el New York Times, donde hace polvo la novela, y la declara a pretentious bore (1) . Yo creo que puede ser un bore , pero que no es pretentious .
Sigo dándome corte y contándote todo lo que hago: fui a Sceaux, una mañana maravillosa, y encontré la rue des Mesanges, y en ella a Henri Chopin, y naturalmente Chopin era un cronopio enormísimo que me vendió en seguida los discos para Paul y para mí. Ya lo escucharás, tiene cosas increíbles. Se lo pasé a Perkins (2) , para arrancarlo a un ataque de tristeza provocada por la 56788574756647477 agarrada a patadas con su mujer, y le hizo mucho bien. Sus maniobras inmobiliarias son muy complicadas, pero parece que finalmente comprará un dep. en Mallorca. Por qué, para qué, cómo y a costa de qué, son cosas que hay que oírselas decir para creérselas. Ya está seguro de que tendrá que quedarse en la Unesco… 5 años más. El pobre está hecho polvo, su mujer también, y los chicos parece que han sentido esta vez de cerca la verdadera situación.
What a mess .
Fui a Domaine musical , que estuvo muy bueno, y me encontré con Hubert y Anette Damisch. Me invitaron a cenar el miércoles. Te lo digo porque será absolutamente necesario hacerlos venir a casa en esos 10 días en que estemos todavía aquí.
Sigo con mis rattrapages culturales. Comprendí que estaba quedando muy mal con Margot, le telefoneé, me la encontré en la galería. Te imaginás cómo estaba de contenta. Me llevó a su casa y me hizo una tortilla de queso riquísima, y luego yo me rajé al cine porque quería ver Le bonheur (3) . Después de verla pensé que Agnes Varda a fait plutot un malheur (4) . Pero habría que pensarlo y discutirlo. Hay cosas muy extrañas en esa película; o la vieja está piantada o hay momentos en que nos toma el pelo.
La casa me da mucho trabajo, porque hago lo posible para que no derive del chiche al quilombo, pero hay que ver lo que cuesta. Lavo ropa, lavo vajilla, tengo provisiones impresionantes, podría resistir el asedio de Pilleboue, la condottiera Voisin y Madame Prince (5) durante varias semanas. Sólo madame Walch, probablemente, me vencería con su voz de urraca maléfica.
Vi a Depreux que les manda cariños a las dos. Contesté como correspondía una carta de tu amiguita, desplegando una vez más mis conocimientos de italiano. Llegó esta mañana carta de Rosario: esta loca no dice ni una palabra de la cama. Le contesté que avise en seguida, puesto que tenemos que pensar en ese problema. Rosario me avisa que el carpintero termina la entrega, y que hay que garpar. Ya lo hice por mandat, y de paso les fleté el dinero de ellos, para no tener que hacer otro el 15. Aldito vino ayer a la tarde a buscar el suyo, y me mangó 100 más, que le di, qué iba a hacer. Parece que se va a armar el lío del auto, cosa que nos costará 800 francos o algo asá; Aldo hace lo que puede por parar el asunto. Me dijo que los padres (y él) están dispuestos a quedarse en la ruina (la de Saignon, se entiende), y que con medio millón la volverían perfectamente habitable. Speriamo bene.
Te copio: “La casa está en este momento exactamente como si hubiéramos sufrido un bombardeo. La cocina sin piso, con dos agujeros, uno enorme, la veranda sin techo, todo lleno de escombros. Los albañiles están trabajando rápidamente por todos lados; Aldo levantó el piso de la cocina para que hagan la losa. La parte nueva ya tiene el techo casi listo”. ¿Estás contenta, honguito pelusiento? Escribime pronto, y decile a Italo que estoy conmovido de que relea con tanto cuidado la traducción de mis cuentos. ¡Riego las plantas! Te extraño mucho, bicho feo, y ojalá el 20 sea mañana y vos llegues y yo te dé tantos besitos, Woof Woof (1) Un plomo pretencioso.
(2) Eduardo Jonquières.
(3) La felicidad.
(4) Había hecho sobre todo una desdicha.
(5) Vecinos.
* * * * *
A Victoria Ocampo
Saignon, 23 de junio de 1965
Mi querida Victoria: Creo que ya en alguna otra carta le pedí perdón por escribirle a máquina. Sé que no está bien, y sin embargo reincido, porque escribir a mano me resulta cada vez más penoso. En todo caso, estoy mucho más presente cuando escribo así, a toda velocidad y tachando de cuando en cuando algún comienzo de frase en el que la máquina se toma libertades excesivas.
También tengo que pedirle disculpas por el involuntario retardo de mi respuesta, pero ya verá usted por el encabezamiento que no estoy en París. Nos hemos venido a Saignon, un pueblecito de 200 habitantes, en plena Vaucluse (a unos veinte kilómetros de la fuente donde Petrarca vio por primera vez a Laura), donde encontramos un bastidon que se convertirá en nuestro refugio una vez que hayamos terminado de pintarlo y de ponerle cortinas de paja. Tenemos un jardín que es como un balcón sobre los valles del Luberon. Muy cerca esta Gordes, Bonnieux, y casi al lado la torre del castillo del marqués de Sade, en Lacoste (donde, como dice la guía Michelin, se deroulaient les sataniques orgies ). Ya ve que no hemos elegido mal para citarnos con el sol, el tomillo y la lavanda.
Todo esto es para explicarle que nuestra portera de París, que es un personaje extraordinario, quedó con instrucciones de remitirme cada quince días la correspondencia acumulada. ¿Por qué los quince días se convierten en veinticinco? La noción del tiempo de madame Boivin es inescrutable, y a ello se debe que su carta haya llegado ayer por la tarde. Dándome –y esto es lo primero que hubiera debido decirle– una muy grande alegría. Antes de ver su nombre en el dorso del sobre, ya había reconocido su letra, en especial las t y la f mayúscula. (Debe ser una deformación profesional, pero suelo recordar mejor la letra que la cara o la voz de muchos amigos lejanos; o quizá es una forma de consuelo, puesto que a lo largo de los años las cartas tienden a reemplazar cada vez más la relación directa, tan azarosa entre la Argentina y Europa.) Espero que ya esté perfectamente restablecida. Si la operaron en enero y todavía sigue sintiéndose dolorida, me doy cuenta de que no se trataba de algo banal. Si yo fuera tan egoísta como me creo a veces, debería alegrarme de que sus insomnios le hicieron conocer mis cuentos, pero debo tener alguna generosidad, puesto que lamento las circunstancias que la acercaron a mis Armas secretas . Es curioso que yo, cuando estoy enfermo, me vuelvo resueltamente hacia los novelones del siglo XIX. En un hospital, hace diez años, releí casi todo Dickens; en una clínica, otra vez, llene un montón de lagunas balzacianas. Lo del “opio de Occidente”, después de todo, es más literal de lo que uno piensa; yo estoy muy contento de que mis relatos la hayan distraído, arrancándola por un rato a sus dolores. Y estoy todavía más contento de que hayan sido Las armas secretas , porque en ese tomo están los cuentos míos que todavía prefiero.
¿Cuando viene a visitarnos a París? Alguien me había dicho que asistiría al coloquio del Columbianum en Génova, y aunque yo no voy nunca a reuniones de escritores (no sirvo para discutir ni para criticar), esperé que después viniese a Francia y pudiéramos vernos. Más tarde supe por otros amigos que usted no había ido a Génova.
En este momento mismo entra el cantonnier (1) de Saignon para anunciarme que han matado a Ben Bella. No es una noticia confirmada, pero no me sorprendería que fuese cierta. Cuánta sangre, cuánto odio. Pasada cierta edad, uno tiende a algodonarse cómodamente en cosas como las que comento en esta carta: los mensajes de los amigos lejanos, la lavanda, el sol… Y entonces, precisamente entonces, la fría realidad. Pero en todo caso ese toque de atención servirá como siempre para que cada uno de nosotros siga haciendo lo que cree que debe hacer.
Gracias, Victoria, por su carta tan cariñosa y tan suya. Aurora la recuerda con su afecto de siempre, y yo la abrazo muy fuerte,
Julio Cortázar
(1) Peón
* * * * *
A Francisco Porrúa
Saignon, 22 de mayo de 1967
Mi querido Paco: Hasta hace poco el silencio tenía un solo nombre en español, ése. Ahora se llama Porrúa, existe un silencio Porrúa, yo vivo desde hace un mes envuelto en una gran masa de silencio Porrúa. In the stillness of the night, the Porrúa stillness roams about like a big rhinoceros creeping near the verandah. In fact it is the first rhinoceros which has been noticed to creep , but yours does (1) . Y así pasa el tiempo y en el vasto agujero del espacio hay otro agujero más ominoso y perceptible que es el silencio Porrúa, y para decirte toda la verdad esta vida no puede seguir.
Vano es que Sara y Alicia (con esos nombres que deberían conmoverte por muchas razones) me digan en sus cartas que “Paco te escribe en seguida para… etc.”, vano es que Monsieur Galourdin, el cartero de Saignon, me ponga en los brazos diariamente entre medio kilo y tres arrobas de cartas y paquetes. Me basta mirar el abigarrado montón de mi fan-mail y las facturas a pagar para darme cuenta de que siempre hay un agujero cuadrado entre tantos colores, el silencio Porrúa con su estampilla de viento. Y yo vuelvo melancólico a la construcción de un objeto lleno de espejos, cubos de madera y caracoles que estoy fabricando para olvidarme un poco de la literatura, o estudio la escala de si bemol mayor en mi trompeta, para asombro de los numerosos escarabajos que circulan por el living de esta casa nacida para actividades más apacibles. ¿Vos realmente podrías explicarme qué carajo pasa? Pero tomaré la delantera, te aplastaré con la arrolladora fuerza de mi generosidad, te escribiré una larga carta llena de consultas, dándote trabajo, obligándote a pedir expedientes y archivos, a dictar telegramas, a consultar asesores, te privaré de tu cafecito de las diez y media y de tu cinzano con bitter de las once y veinticinco. La verdad es que se han juntado bastantes cosas de las que te tengo que hablar, y si sigo esperando tu carta, oh mallarmeano urdidor de ausencias, me olvidaré de las cosas más importantes. Hasta hace unos días pensé, inquieto, que tu salud no andaría bien, pero Sara y Alicia me escriben que estuvieron contigo en el lanzamiento (si así se llama) de un libro de Silvina Bullrich, y comprendí que no llevarías la locura al extremo de ir a una cosa así estando enfermo, de lo cual me resultó consolador deducir que estabas perfectamente bien y que si no escribías era porque hotras hocupaciones harto himportantes te habsorbían. Como Aurora, por ejemplo, que a veces se olvida de hacer el almuerzo porque está cuidando una mata de no sé qué flores absurdas que se le han enfermado (el otro día compró un veneno para caracoles, esta Lady Macbeth of Saignon par Apt, y al otro día había tantos caracoles muertos que pasé un mal rato, yo que amo esos animalitos apacibles).
Pero no seamos currutacos y dejémonos de cucamonas, como diría Guillermo de Torre, y aquí van los diversos business pending: (…) Basta de negocios y hablemos del viento mistral que está soplando esta mañana en Saignon y que agita los cerezos de tal manera que no va a ser necesario subir con una escalera a recoger la fruta. Llevamos aquí 20 días, y ya me siento mejor de la inquietante crisis de fatiga con que me despedí de París. He puesto bastante al día mi correo, pude por fin leer tres libros seguidos, cosa que no me ocurría desde hacía meses, y el vinito rosé y los asados al aire libre harán el resto. Leí El doble , de Dostoievski, que siempre se me había escapado, Señas de identidad de Juan Goytisolo, que es su mejor libro dentro de la sencillez del conjunto, y ahora me estoy divirtiendo mucho con Tres tristes tigres de Guillermo Cabrera Infante, que trata del ambiente habanero que conocí bastante a fondo en enero y febrero. Pero leo sobre todo poesía, toneladas de poesía en todos los idiomas, y de noche le doy media hora, antes de dormir, al librito de Stephen Potter sobre el sentido del humor en la Isla. No me parece demasiado bueno, pero hay citas excelentes. En la trompeta he conseguido llegar al sol natural sobreagudo sin que vuelen por el aire pedazos de pulmón. El libro mexicano está parado, porque no nos llegan las últimas galeradas y Silva me manda unas puteadas epistolares que me divierten mucho. Lo que hicimos juntos en París salió muy divertido, y dejará bastante consternados a los señores que exigen seriedad en las letras. La mucha seriedad que hay en el libro no la verán, naturalmente. Sara y Alicia me regalaron unas excelentes fotos de patios y de ómnibus porteños para el libro.
¿VOS CUANDO VENIS CON SARA? Tu viaje es lo que más me preocupa, lo único que me preocupa en un momento en que preocuparse por lo que ocurre en el mundo (¿leíste las declaraciones de McNamara sobre China?) parece casi un pleonasmo. Mirá, es absolutamente necesario tener dos o tres semanas para por fin hablar de verdad. Si podés arreglar para septiembre va a ser perfecto, pero avisame pronto porque realmente estoy inquieto y preocupado por este asunto. Los Blackburn también vienen a Europa (hace 6 años que no los veo) pero rápidamente les dije que no se aparezcan hasta noviembre; no quiero interferencias. Yo con Sara quiero hablar mano a mano, y con vos mano a mano, y se acabó, qué joder.
Sur ces paroles, como dicen en París, te ruego renuncies a tu empecinado rinoceronte y mandes unas líneas, digamos dos páginas.
Abrazos de Aurora que los quiere tanto, y otro abrazo de Julio (1) En el silencio de la noche, el silencio de Porrúa vaga como un gran rinoceronte que se desliza cerca de la veranda. En realidad es la primera noticia que se tiene de un rinoceronte que se desliza , pero el tuyo lo hace.
* * * * *
A Juan Carlos Onetti
Saignon, 30 de julio de 1978
Querido Juan Carlos: Me hizo gracia que te despidieras en tu carta deseándome que no me mortifique demasiado el calor. Figurate que es precisamente lo contrario, porque después de los inviernos de Paris, un argentino como yo necesita sol y calor en cantidades inagotables, y este mes de julio me los ha dado con una generosidad que yo no esperaba después de una primavera más bien desvaída y estúpida. Por lo cual estoy más negro que Nicolás Guillén, me paso el día desnudo en mi rancho, y trabajo en lo mío con unas ganas que hace mucho no sentía. Tengo también razones más vitales y profundas para sentirme bien. Después de un largo y penoso proceso, Ugné y yo nos separamos; la cosa fue dura, puesto que habíamos vivido juntos más de ocho años, pero ya no tenía sentido pasar de la verdad a la comedia y pretender que seguía siendo la verdad. Yo estoy viviendo con una chica que conocí en Montreal el año pasado, que me da una inmensa ternura y una paz que me hacía falta hasta un punto que sólo alcanzo a comprender ahora. Como ves, vivo un verano total; me alegra poder decírselo a un amigo como vos.
Desde luego acepto con alegría (e muito obrigado!) a la invitación de colaborar en la Estafeta Literaria . Tengo un cuento inédito (1) , de unas ocho páginas, que me gusta bastante, y si ustedes lo quieren, pues de acuerdo. En cuanto a la remuneración, si en vez de 300 me pagaran 400 dólares, me parecería bastante justo, pero si no se puede, decímelo vos mismo y yo estaré de acuerdo.
Prefiero esperar tus noticias, y si todo va bien, te envío en seguida el cuento o se lo mando a Rosales (2) , como ustedes prefieran.
Ojalá me toque dar un salto a Madrid, para cumplir mi deseo de ir a verte a tu casa, cosa que no pudo ser la última vez (en Madrid siempre tengo problemas jodidos, y se me arman unos líos que desequilibran todos mis planes, pero no será así la próxima vez).
Hasta siempre, gracias por la invitación, saludos a Luis Rosales y para vos un gran abrazo de Julio Cortázar OJO! Mi dirección privada no es segura; ya me rompieron dos veces el buzón, y no por razones literarias (mi querida embajada y la CIA lo saben, hijos de puta). Entonces, lo seguro es escribirme a mi nombre, y: B.P. 33 75022 PARIS CEDEX 01 FRANCIA De ahí me reexpiden las cartas a cualquier lado.
(1) “Queremos tanto a Glenda”, publicado en Nueva Estafeta , N° 1, Madrid, diciembre de 1978.
(2) Luis Rosales, poeta español, director de La Estafeta Literaria y de Nueva Estafeta .
* * * * *
A Ofelia Cortázar
Saignon, 3 de agosto de 1978
Querida Ofelia: Recibí tu carta, y te agradezco que me hayas informado en detalle del estado de salud de mamá. No es que me tome demasiado de sorpresa, puesto que la edad es la edad, pero confío en que el tratamiento que le hace el doctor Romeo dé buenos resultados y mamá pueda vivir de una manera normal y sin verse privada de cosas que le gustan, como la lectura o la televisión. Por mi parte, todo lo que has leído en los diarios es un tejido de macanas a cuál más completa. Te las resumo para que por lo menos en ese plano te quedes tranquila. Primero: no es cierto que me divorcié de Ugné, por la simple razón de que nunca nos habíamos casado. Simplemente acabamos de separarnos porque ya no había entre nosotros los sentimientos que nos habían unido hace años. La segunda mentira se refiere a mi salud; he tenido una neumonía bastante seria, que me trataron perfectamente, y a los quince días estaba curado; eso de la “depresión” es un invento del periodista, pero no me sorprende porque en realidad lo que ese periodista y muchos quisieran es que yo estuviera verdaderamente deprimido, cosa que no tengo la menor intención de hacer. Quedate entonces tranquila, pues mi salud es excelente. Y justamente en mi última carta a mamá (esa que según vos le produjo una crisis de rabia, cosa que no entiendo) le conté de mi separación y de que estoy viviendo con una chica con la que me siento muy bien y muy feliz. De modo que como ves, el balance es positivo y favorable, y no hay ninguna razón para que te inquietes.
Todo el resto de tu larga carta no puedo ni siquiera comentarlo. Cada uno tiene sus razones, y vos tenés las tuyas para juzgar como juzgás (muy cruelmente, te lo digo con toda franqueza) mi actitud con respecto al país. Lo que me asombra es que no te des cuenta de una cosa, y es que por más que yo lo quisiera (y vaya si lo quisiera) es absolutamente imposible que por el momento yo desembarque en mi país. Te digo de paso que cometes un lamentable error cuando hacés referencia a mi ciudadanía francesa, pues no la tengo (me la negaron dos veces), pero deberías saber que los argentinos y los franceses tienen el principio de la doble nacionalidad, es decir que el hecho de tomar la ciudadanía francesa no te quita la de argentino, y viceversa. Te lo digo porque me duele que también vos caigas en esa grosera calumnia que tantas veces me han tirado a la cara los verdaderos enemigos de la Argentina. En cuanto a todo lo que me decís sobre tus impresiones sobre la situación en el país, es perfectamente tu derecho y no haré el menor comentario. Algun día, quizá, llegues a saber lo que verdaderamente significa que yo no pueda escribirte sobre eso; por ahora seguí contenta con todo lo que te rodea, pues saberte feliz y satisfecha me da, como te imaginás, una gran alegría por vos.
Me alegro de que hayas recibido el dinero que te envié. También a propósito de eso, algunos comentarios que dejás caer sobre lo que en el fondo considerás un egoísmo de mi parte, o sea no estar con ustedes, deberías reflexionar un poco sobre lo que ha podido representar para mí en estos años comprar ese departamento para ustedes dos, y ayudarlas en lo que puedo cada vez que siento que necesitan dinero. No pretendo ningún mérito especial por eso, pero es la única (metete eso en la cabeza, por favor) la única manera de estar cerca de ustedes. No tengo otra, puesto que te repito que no puedo ir personalmente. Entonces, por lo menos pensá que tus reflexiones no me parecen demasiado acertadas. En fin, nada de esto tiene importancia. Espero que mamá siga bien, vos también, y que pronto reciba noticias favorables de ella o de vos. Te agradeceré mucho que no dejen pasar demasiado tiempo sin mandar por lo menos dos líneas.
Hasta siempre, con un abrazo de tu hermano que te quiere, Julio
Arquivado em Arquivo
E-books da Biblioteca Nacional de Portugal
As edições da Biblioteca Nacional de Portugal encontram-se agora disponíveis para e-books. Os e-books podem ser comprados ou pode-se solicitar o empréstimo por apenas 1 euro.
Arquivado em E-books
“Javali”
Reproduzido do blog de Avoa Dinossauro, de Bruna Beber:
today is tuesday; email me on saturday
the secret of life is decisiveness
and to describe something
i see the distance and move immediately into it
now i am really alone
from here i know these things: that a hamster is a lonely fist
that my poems exist to dispel irrational angers, that i want to hold your face
with my face
like a hand
the secret of life is that i miss you, and this describes life
tonight my heart feels shiny and calm as a soft wet star
i describe it from a distance, then move quickly away
::
De quinze em quinze anos tenho vontade de traduzir um poema. Passo cinco com ele na cabeça, cinco pensando de que jeito gostaria de traduzi-lo para a minha língua e cinco dormindo. Foi assim com o “Es olvido” (Poemas e antipoemas, 1954), do Nicanor Parra.
É comum também perder muito tempo com inventar sentidos que o autor não deu (já que muitas vezes tentamos adivinhá-los), reescrever o poema, nada me impede. Até que uma hora sento com algumas versões e escolho uma, que agora compartilho com vocês.
O poema é do livro Cognitive-Behavioral Therapy (2008), segundo livro de poemas do Tao Lin, um escritor americano que descobri por recomendação da Amazon: Hello, Bruna Beber. We have recommendations for you.
Seguelo.
::
hoje é terça; me escreva sábado
o segredo da vida é saber escolher
e para descrevê-lo
eu escolho a distância
agora estou realmente sozinho
daqui percebo que um hamster é uma embreagem solitária
que meus poemas existem para dissipar fúrias irracionais
que eu quero segurar a sua cara
com a minha cara
como mãos
o segredo da vida é que eu sinto a sua falta, e isso resume a vida
hoje meu coração está sereno e fúlgido como uma estrela-do-mar
digo tudo isso à distância, depois fujo
Arquivado em Tradução
A correspondência de Julio Cortázar

É ótima a matéria de Jorgelina Nuñez a respeito da correspondência de Julio Cortázar. Publicada na Revista Ñ:
Una cierta distancia nos separa hoy de la literatura de Cortázar. Para preservarlas en el arcón de los buenos recuerdos, muchos de los que lo leyeron con devoción y encontraron en ellas claves de sus propias iniciaciones, prefieren no intentar la relectura de sus novelas. Algo distinto ocurre con sus libros de cuentos que parecen haber soportado mejor el paso del tiempo tras haber ganado el estatuto de construcciones perfectas, clásicas.
Del Cortázar hombre perviven algunas imágenes cristalizadas, injustas como todo estereotipo: el antiperonista acérrimo y despectivo; el porteño enamorado de París que usaba el lunfardo arrastrando la rr; el intelectual parecido al Oliveira de Rayuela pero también el entrañable cronopio juguetón; el emblema del boom latinoamericano; el que adoptó la izquierda junto con la guayabera y el habano; el viudo inconsolable de Carol Dunlop, su última mujer.
Los tres tomos de sus cartas, publicados por Alfaguara en 2000, fueron un viento refrescante que invitaba a volver a leerlo. El mismo efecto tuvieron los Papeles inesperados (2009) y las Cartas a los Jonquières (2010). Ese viento no estaba hecho de otra cosa que de una prosa que supo inventarse a sí misma y que regresaba para mostrarse en su potente vitalidad. Cortázar es el viento y es la prosa que borra distancias y establece de inmediato la complicidad. Un modo de decir que vuelve a encantarnos, acaso de la misma manera como nos encantan algunas cosas que sabemos perdidas. Así ocurre con las cartas, esa forma de la comunicación cifrada en la materialidad de la letra y el papel que el correo electrónico con su velocidad y eficacia ha barrido para siempre.
La publicación en cinco volúmenes de la correspondencia del escritor en una edición corregida y aumentada en más de mil cartas respecto de la del año 2000 es una noticia tan feliz y nostálgica como el reencuentro con aquellas buenas cosas.
La recopilación traza un arco que se inicia en 1937, cuando Cortázar es un maestro normal que da clases en la provincia de Buenos Aires y se extiende hasta enero de 1984, pocos días antes de su muerte en París.
Es, desde todo punto de vista, un recorrido vital, la mejor biografía del escritor y probablemente su mejor novela, como bien lo señala Carles Alvarez Garriga en el texto preliminar. Las cartas ponen de manifiesto “la formidable coherencia entre vida y obra, la absoluta falta de astucias o de renuncios, su gran disponibilidad”.
Casi cincuenta años en los que no hay un mes en el que no le haya escrito a alguno de los muchísimos y variados destinatarios. Pero, ¿quiénes son los destinatarios? Todos aquellos a quienes Cortázar necesita dirigirse de manera perentoria, ya sea por cuestiones de amistad y cariño, lo que sucede la mayoría de las veces (un lugar privilegiado ocupan la familia Jonquières y el excéntrico Fredi Guthmann, con quienes el contacto epistolar se extiende durante décadas) o porque precisa comentar trabajos ajenos, responder las solicitudes de los estudiosos de su obra y compartir intereses con otros escritores (la lista, en este sentido, es larga y comprende, entre muchos otros, a José Lezama Lima, Mario Vargas Llosa, Juan Carlos Onetti, Roberto Juarroz, Guillermo Cabrera Infante, Victoria Ocampo, José Bianco, Alejandra Pizarnik). En mayor o menor medida, todos son tratados como amigos con una generosidad que no sólo se manifiesta en la palabra siempre amable y divertida sino también en la extensión que les dedica. Cuando se piensa en las 3.000 páginas que llena esta correspondencia no se puede menos que reparar en la fatiga de redactarlas lejos de las facilidades de la escritura electrónica. ¡Y sin enmiendas! La fluidez, la elegancia y el ingenio revelan que las cartas son la continuación de su literatura por otros medios.
Cortázar desarrolló su carrera como escritor cuando la figura del agente literario todavía no tenía suficiente peso. En este sentido, lo vemos afanarse en dos instancias que le resultaban igualmente importantes: el cuidado extremo en las ediciones y traducciones, y la necesidad de obtener un rédito económico que le permitiera vivir de la literatura. La correspondencia muestra hasta qué punto esto último le resultó difícil, de hecho no fue hasta bastante consolidado su prestigio cuando pudo renunciar a su cargo de traductor en la UNESCO. Con Francisco “Paco” Porrúa, su editor en Sudamericana, mantiene una lealtad inquebrantable pero no deja de establecer pautas y proponer cómo deben negociarse los derechos de sus libros en el extranjero. Paul Blackburn, su traductor al inglés, fue un compañero entrañable de tareas y un destinatario insoslayable. No puede decirse lo mismo de Edith Aron, la mujer que presumiblemente inspiró a la Maga de Rayuela y con quien Cortázar terminó la relación luego de la pésima traducción de su obra que ella hizo al alemán.
En las épocas de su compromiso con las revoluciones cubana y nicaragüense, pide información, ofrece colaboraciones, establece contactos, intercede en favor de distintas causas. Pero es en el territorio de lo doméstico donde la proximidad se instala de manera definitiva reforzada por el humor constante. A Aurora Bernárdez, su primera mujer, le cuenta situaciones desopilantes relativas a su torpeza y rasgos escasísimos de maledicencia. Será ella, desde siempre y para siempre, la encargada de velar por su intimidad, su memoria y sus papeles. La testigo omnipresente incluso cuando otras mujeres ocuparon su lugar. Quizá por eso, esta edición a su cuidado transmite el gesto delicado, el más perdurable, el del amor que sobrevive al amor.
Arquivado em Lançamento
“Pedro Doria: E o iPad se abre para amadores”
Matéria publicada no site do jornal O Globo:
RIO – Há períodos em que a revolução tecnológica anda a galope. Faz uns dois anos que vivemos um tempo assim. Na semana passada, a Apple anunciou uma linha de livros didáticos para o iPad e o iBook Author, programa para desenvolver livros multimídia para seu tablet. O software parece um lançamentozinho, algo da entressafra entre um iPhone novo e o próximo MacBook. Não é. O iBook Author, assim como quem não quer nada, se intromete no negócio das editoras, ameaça uma penca de empresas de software, e de quebra abre as portas do iPad para um grupo inteiramente novo de autores. Pode, ainda, transformar como se faz jornalismo na plataforma.
Logo que o iPad foi lançado, tive uma conversa com um dos principais editores do país. Ele, como quase todos seus pares, vivia um dilema. Temia a chegada da Amazon. Nos EUA, a maior loja virtual do mundo dominou de tal forma a venda de livros que todas as editoras criaram dependência. Quando o livro eletrônico chegou, ele veio primeiro através do Kindle da própria Amazon. E a loja conseguiu impor seu preço: US$ 9,90 por livro. As editoras não tiveram força para resistir. Esta dependência não ocorreu nas editoras brasileiras. A chegada do iPad era vista com alívio. Havia uma alternativa, um concorrente para o Kindle. Mas era, quase dois anos atrás, um desafio. Produzir uma edição de livro para o iPad saía por quase US$ 10 mil.
O preço veio caindo com o tempo, mas o custo de lançar uma versão eletrônica continua pertinente. Não basta pegar o arquivo de Word e submeter à Apple. Tecnicamente, nem é tão complexo. Mas pouca gente faz no mercado. Se envolver qualquer coisa de multimídia, o preço dispara rapidamente. Ou disparava. Livro eletrônico com multimídia virou coisa para o filho do vizinho. É preciso apenas um computador Macintosh (muita gente tem). O programa iBook Author é gratuito e trivial. Importa-se o texto do Word, dá para inserir galeria de fotos, quiz, vídeo, o que for.
A notícia não é necessariamente boa para editoras. O filho do vizinho pode compor o livro eletrônico e submetê-lo para venda na loja da Apple sem que nenhum editor o veja. Passa por cima do intermediário. Taí um livro que provavelmente não terá qualidade. Muito lixo será produzido. Mas para fotógrafos com vontade de experimentar, designers com projetos dentro da gaveta e autores de livros infantis, a porta se abre repentinamente. Era porta cerrada. Colocar sua ideia a venda, agora, está a uns dias de trabalho mais uns cliques de distância. O software só produz livro para iPad. Não funciona noutros tablets. Mas, depois dele, inúmeros clones vão salpicar.
Não há qualquer motivo para imaginar que o movimento afetará apenas editoras. Quem trabalha em redação sabe como é complexo desenvolver um produto jornalístico para o iPad e outros tablets. Existem poucos produtos no mercado e eles são, todos, muito caros. Para um jornal ou revista, o investimento é pesado. E, no entanto, em sua maioria oferecem mais ou menos os mesmos recursos de multimídia que já estão no iBook Author. O limite é um, e artificial. O programa só permite publicação na loja de livros, sem um sistema de assinaturas. A Apple também tem uma banca de revistas no iPad. Não há qualquer motivo para crer que o software não chegará também neste nicho.
É um programinha que abala as empresas que produzem os caros softwares de edição. O fato de estes programas serem caros também cria uma reserva de mercado. A turma do jornalismo amador que povoou a web com seus blogs, alguns muito bons, ainda estava fora deste mundo. Se quiserem produzir revistas e vendê-las como livros, podem começar agora. Se não, logo isso muda.
A diferença, no fim das contas, é que o iPad pertencia ao mundo profissional, capaz de investir grandes recursos. Este programinha, repentinamente, muda o jogo. Assim, o iPad se torna o primeiro tablet no qual grandes e pequenos podem competir. Destes pequenos, a maioria não crescerá. Mas, agora, tudo depende apenas da capacidade e talento de cada autor. Vai ficar divertido.
Arquivado em Notícia
Theo Angelopoulos (1936-2012)

No site do Estadão, Luiz Zanin escreveu sobre Theo Angelopoulos, que faleceu nesta terça-feira, 24 de janeiro:
Com 76 anos, o diretor grego Theo Angelopoulos, autor de filmes notáveis como Paisagem na Neblina e O Passo Suspenso da Cegonha, morreu em consequência de um atropelamento. O cineasta foi atingido por uma moto, e, levado ao hospital com hemorragia cerebral, não resistiu aos ferimentos. O dado que torna a notícia ainda mais pungente é que Angelopoulos foi vitimado enquanto rodava um filme sobre a grave crise econômica que se abate sobre o seu país.
Apaga-se assim a vida de um dos mais importantes cineastas contemporâneos, um dos poucos artistas verdadeiros dessa arte comercial, tão banalizada pela indústria do entretenimento.
Angelopoulos chegou a ganhar a Palma de Ouro em Cannes em 1998 por seu A Eternidade e um Dia. Realizou cerca de 15 longas-metragens e vários curtas, obra relativamente sintética porém muito marcante. Os principais são A Viagem dos Comediantes; Paisagem na Neblina, de 1988; Um Olhar a Cada Dia, de 1995; Viagem a Citera, de 1984; O Passo Suspenso da Cegonha, de 1991 e a Trilogia – O Vale dos Lamentos.
Angelopoulos nasceu em Atenas em 1935 e fez estudos de Direito antes de aprender cinema na França, no célebre IDHEC (Institute des Hautes Études Cinématographiques). De volta à Grécia, tornou-se crítico de cinema e, em seguida, realizador. Influenciado pelas ideias de Bertolt Brecht, planejou compor um grande afresco histórico do seu país, dos anos 1930 (Dias de 36, evocando a morte de um líder sindical) aos tempos mais contemporâneos, com Os Caçadores (sobre a burguesia) e Os Atores Ambulantes.
Em sua trajetória, Angelopoulos foi infletindo ligeiramente o ângulo do seu interesse. Dos primeiros filmes abertamente políticos, e testemunhos de uma época de turbulência, passou a um enfoque mais pessoal, mas no qual a História ocupava um lugar importante no quadro de referência. A fase final refletia uma busca mais madura e espiritual. Mas o filme que rodava quando a fatalidade o colheu, mostra que sua preocupação com o real, com a dramaticidade do real, continuava intacta. Em sua mais grave crise da era moderna, a Grécia perde assim esse olhar lúcido de seu artista maior.
Sua estética, baseada em planos longos e movimentos de câmera suave, não contribuíram para que se tornasse particularmente popular. No entanto, Angelopoulos foi sempre muito bem agraciado pela crítica. E pelos festivais de cinema, em especial os mais importantes entre eles.
Alexandre, o Grande venceu o Leão de Ouro do Festival de Veneza. O mesmo festival lhe deu o Leão de Prata por Paisagem na Neblina, uma obra-prima. Com Um Olhar a Cada Dia, venceu o Prêmio Especial do Júri em Cannes, o mesmo festival que, no ano seguinte, lhe daria seu prêmio máximo, a Palma de Ouro por A Eternidade e um Dia.
Angelopoulos esteve no Brasil em 2009, homenageado pela Mostra de São Paulo em sua 33ª edição. Antes, a Mostra havia realizado uma retrospectiva de seus filmes, até então pouco divulgados entre nós. Nesse ano apresentou aqui seu A Poeira do Tempo, seu último longa-metragem concluído.
Em sua visita a São Paulo, filmou no Metrô o episódio Céu Inferior, do longa O Mundo Invisível, ainda inédito comercialmente, apresentado na Mostra de Cinema do ano passado.
Arquivado em Notícia

