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Exposição Augusto Boal

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07/04/2015 · 15:07

“Nowhere”, de Dimitris Papaioannou

Nowhere, de Dimitris Papaioannou, foi criada em 2009, em memória de Pina Bausch:

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“Uma história à margem”, de Chacal

Extraído do site da livraria Blooks:

Reestreia amanhã na Casa de Cultura Laura Alvim, em Ipanema, a peça Uma história à margem do sempre-poeta-sempre Chacal (eu poderia fazer uma boa lista das coisas que Chacal faz… letrista, músico, agitador cultural mas poeta dá conta disso tudo e ainda mais). No monólogo o carioca de um Rio de janeiro mitológico revê e reconta a história dessa margem em que viveu, que apesar de margem é profunda, intensa. Inspirado no livro de mesmo nome, lançado em 2010 pela Editora 7letras , Uma história à margem fala de uma geração mas sem o gosto da nostalgia que tantas vezes entranha a memória. É sabor de coisa viva, vívida que percorre o texto e a fala, e o gesto. E é isso que eu gosto no que Chacal escreve/diz… tudo cheio de gesto, porque é gente que está ali presente. Pesquei no Facebook do poeta

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“…estar vivo para contar a própria história, é muito bom. estar vivo para contar um história que é de muitos, melhor ainda.”

Conhecido como expoente da poesia dita marginal publicou cópias mimeografadas dos seus poemas, como o livro Muito prazer, participou da Navilouca, revista de Torquato Neto e Waly Salomão e dos grupos Vida de artista e Nuvem Cigana, com Bernardo Vilhena e Ronaldo Bastos, Blitz… fundou o CEP 20000, experimento poético/coletivo que emana poesia. O que mais? Vai assistir Uma história à margem!

O espetáculo, co direção de Alex Cassal é um encontro com a poesia, o poeta e seus pares e ímpares, o Rio no seu esplendor cultural, super efervescente, transbordando de juventude e ousadia.

Casa de Cultura Laura Alvim – Espaço Rogério Cardoso
Terças e quartas, às 21h — de 12 de março a 29 de maio

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“Samuel Beckett bajo influencia” – John Banville

Texto de John Banville publicado na Revista Ñ, com tradução de Joaquín Ibarburu:

Si bien los grandes escritores modernistas del siglo XX se caracterizaban por su erudición artística, Samuel Beckett era más erudito que la mayoría. Leía profusamente en media decena de lenguas y conocía casi toda la literatura occidental, desde los clásicos hasta sus contemporáneos. También sentía un profundo amor por la música, sobre todo la de Schubert, y era un pianista entusiasta. Pero era la pintura lo que más pasión le generaba, y el interés que le despertaba era, según las palabras de su biógrafo, James Knowlson, “muy serio y perdurable”.

En ese terreno Beckett era, como en todo, exhaustivo. Knowlson sugiere que su capacidad de detectar hasta las afinidades más sutiles entre pinturas de diferentes autores y períodos indica que tenía una memoria fotográfica. Su amigo, el pintor Avigdor Arikha, dijo, según cuenta Knowlson, que Beckett “podía pasar una hora frente a una sola pintura, observarla con intensa concentración, saborear sus formas y colores, leerla, absorber hasta su más mínimo detalle”.

Dada esa capacidad de concentración, no es extraño que pasara buena parte de su tiempo en las grandes galerías, en especial en los primeros años. Hasta solicitó –sin éxito– un empleo como curador asistente en la National Gallery de Londres, y cuando vivió en la ciudad durante casi dos años tras la muerte de su padre, en 1933, la National era un lugar que visitaba de forma habitual. Se encontraba en Londres para someterse a un tratamiento prolongado con el famoso psiquiatra W.R. Bion, y sin duda la tranquilidad de las galerías de Londres –además de la National estaban la Tate, la V&A, la Wallace Collection y Hampton Court– y la belleza de las pinturas constituían un bálsamo para su alma atormentada.

Le gustaban en particular Poussin y los maestros holandeses de la Edad de Oro, además de, por supuesto, Caspar David Friedrich, cuya pequeña pintura “Dos figuras contemplando la luna” fue una de las fuentes de inspiración para Esperando a Godot. Por momentos, sin embargo, Beckett el innovador e iconoclasta artístico daba muestras de una violenta impaciencia ante la seguridad y el aplomo de pintores a los que tenía en gran estima. En 1934, después de ver los Cézanne de la colección de la Tate, le escribió a su amigo Thomas MacGreevy, que se convertiría luego en director de la National Gallery de Dublín: “Qué alivio el Mont Ste. Victoire después de tanto paisaje antropomórfico: van Goyen, Avercamp, los Ruysdael, Hobbema, hasta Claude…”, en relación con cuyo trabajo el de Cézanne está “vivo como lo están un regazo o un puño”.

En ese momento, Beckett buscaba con desesperación una salida del impasse artístico en el que estaba atrapado y del que no empezaría a escapar hasta la famosa revelación –en el muelle Dun Laoghaire una noche tormentosa al final de la guerra, que se describe a medias en La última cinta de Krapp (en realidad, como Beckett le insistió a Knowlson que aclarara, no fue en Dun Laoghaire sino en la habitación de su madre donde experimentó la “revelación”)–, cuando por fin comenzó a “escribir las cosas que siento”.

“Comprendí que Joyce había avanzado todo lo posible en la dirección del mayor conocimiento, en el control del propio material. Siempre estaba sumándole cosas; no hay más que ver sus pruebas para comprobarlo. Comprendí que mi camino estaba en el empobrecimiento, en la falta de conocimiento y en la eliminación, en restar más que en sumar.”

Como bien destaca Knowlson, “al definir lo que veía como el reconocimiento de Cézanne de que el paisaje no tenía relación alguna con el hombre, que el hombre le era por completo ajeno (Beckett) definía un punto de vista que tenía una emocionante similitud con el suyo…” En otra carta a MacGreevy, Beckett escribió:

“Lo que siento en Cézanne es precisamente la ausencia de una relación que estaba muy bien para Rosa o Ruysdael, para quienes el modo animista era válido, pero que habría resultado falsa en él, dado que percibía su inconmensurabilidad no sólo con vida de un orden tan diferente como el paisaje, sino hasta con la vida de su propio orden, hasta con la vida (…) como algo que operaba en él.”

La realidad de esa “inconmensurabilidad” general, del lugar del hombre como figura en un paisaje –una mera figura en un paisaje hostil o por lo menos indiferente– era que, como descubrió esa noche en el muelle en la tormenta o por la tarde en la habitación de su madre, tenía que encontrar una forma de afirmarse en su trabajo con pleno reconocimiento de la amarga ironía implícita en ese esfuerzo de afirmación.

La paradoja, sin embargo, es que, a su manera, Beckett era un paisajista de la vieja escuela. No suele destacarse la inteligencia y la ternura con que Beckett escribe sobre la naturaleza. Hasta en los pasajes de humor negro de Watt, la novela que publicó después de la guerra y que probablemente sea el primero de sus trabajos que la “revelación” estructura, hay partes de extraordinaria belleza y hasta de encantadora simplicidad como este, en el cual el misterioso caballero de “exquisito delantal de género verde”, que hace una “breve declaración” de veintiséis páginas de corrido, parece abandonar la confiable diversidad de la naturaleza, pero logra plasmar el ciclo de las estaciones con el afectuoso detallismo de un Hobbema o un Ruysdael, o hasta de un Brueghel:

“Los crocus y el alerce reverdeciendo cada año una semana antes que los demás y las pasturas rojas de placentas de oveja no comidas y los largos días de verano y el heno recién segado y la paloma por la mañana y el cuclillo por la tarde y la codorniz al crepúsculo y las avispas en el dulce y el olor del tojo y el aspecto del tojo y las manzanas cayendo y los niños caminando en las hojas muertas y el alerce poniéndose marrón una semana antes que los demás y las castañas cayendo y los vientos aullando y los cascos sobre el camino y el cartero escuálido silbando Las rosas florecen en Piacardía y la lámpara común de aceite y por supuesto la nieve y sin duda el aguanieve y dios te bendiga el barro y cada cuatro años la debacle de febrero y las interminables lluvias de abril y los crocus y luego todo el maldito asunto volviendo a empezar.”

Podrían encontrarse peroratas similares y hasta de una ternura más triste incluso en los últimos trabajos más austeros. En momentos en que defendía el severo minimalismo de su amigo el pintor holandés Bram van Velde, en su propio trabajo producía algunas de las celebraciones más exuberantes del mundo natural, como en las tres novelas de la trilogía y en piezas como De un trabajo abandonado. Incluso sobre el final, luego de los estudios áridos y deshumanizados de la década de 1970, volvió, en Compañía, al mundo primaveral de su infancia al pie de las montañas de Dublín y, en la belleza sobrecogedora de Mal visto mal dicho, al paisaje invernal nevado en torno de su cabaña en el campo en Ussy sur Marne. En esos trabajos, el mundo animal y vegetal se presenta con brillante economía de recursos:

“Y que corderos. Ni rastros de retozo. Manchas blancas en la hierba. Lejos de las ovejas distraídas. Inmóviles. Luego un apartamiento momentáneo. Luego inmóviles otra vez. Pensar que hay vida inmóvil en esta época. Suavemente suavemente.”
Ni el propio Cézanne podría haberlo hecho mejor.

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“O homem como invenção de si mesmo”, de Ferreira Gullar

Matéria de Ubiratan Brasil para O Estado de S. Paulo de 31 de outubro de 2012:

É da razão e do acaso que se alimenta a inspiração do poeta Ferreira Gullar, de 82 anos – uma reflexão sobre a função do homem da Terra o incentivou a escrever, ao invés de um tratado filosófico e metafísico, uma peça de teatro, O Homem Como Invenção de Si Mesmo, lançado agora em livro pela José Olympio. E, a partir de uma inesperada desorganização provocada por seu gatinho nos recortes que formariam uma ilustração, Gullar partiu para uma nova forma de fazer colagens, trabalho que até lhe rendeu um prêmio Jabuti.

“Gosto de me reinventar, sempre”, comenta o poeta, que garante não correr atrás de suas ideias: elas é que o procuram. O talento está em transformá-las em arte. Foi assim que, em 2006, perseguido por um pensamento, decidiu voltar a escrever para o teatro, atividade que não exercia desde que lançou a peça Um Rubi no Umbigo, em 1979.

A origem de O Homem Como Invenção de Si Mesmo, que já figurou na antologia Poesia Completa, Teatro e Prosa (Nova Aguilar), é curiosa. Gullar conta que, em um determinado momento, observou que o homem se inventa e também o próprio mundo em que vive.

“A cidade, por exemplo, é algo criado pelo homem – não se trata de uma extensão da floresta. O mesmo acontece com nossos próprios valores, pois o ser humano criou Deus para que Este o criasse”, diverte-se o poeta. “Cada pessoa se inventa, seja poeta, pintor, músico ou jogador de futebol. Não somos ninguém quando nascemos, é a cultura que vai nos formando, são os valores que nos constituem.”

Com tal teoria martelando na cabeça, Gullar escolheu o teatro como forma de expressão, especificamente o monólogo. Assim, quando se acendem as luzes, o espectador conhece o bagunçado escritório de Vincenzo Mezatti, escritor à beira de um ataque de nervos porque, incapaz de dominar os recursos de um computador, teme perder o que já escreveu quando o aparelho trava. Assim, enquanto tenta encontrar por telefone a ex-namorada (expert em informática), ele se dirige ao público para revelar sua teoria sobre o homem como invenção de si mesmo.

Como exemplo, ele cita Arthur Bispo do Rosário, artista de rua que passou grande parte da vida internado na Colônia Juliano Moreira, no Rio, porque dizia ouvir vozes. Sua obra é homenageada na Bienal Internacional de São Paulo, em cartaz no Parque do Ibirapuera. “Ele vivia num universo de ideias, sonhos e realizações que são frutos de sua inventividade”, comenta o personagem Vincenzo, a respeito das orientações divinas que Bispo dizia receber para a confecção de suas peças maravilhosas.

A peça se revela um autêntico exercício de metalinguagem, reconhece Gullar, jurando, porém, não se tratar de um alter ego. “Pouco tenho em comum com Vicenzo, embora ainda preserve minha máquina de escrever Lettera 22 – uma relíquia, pois foi nela que escrevi Poema Sujo, quando estava exilado em Buenos Aires, nos anos 1970.”

O texto de Gullar empolgou o diretor e produtor Robson Phoenix, que saiu à caça de patrocinador. Conseguiu aprovação para captar recursos pela Lei Rouanet e, na semana passada, ligou ao poeta dizendo ter conseguido um sponsor. “Acredito que agora Robson consiga montar”, festeja o poeta, que aprova Osmar Prado no papel principal.

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“Cia. do Latão celebra 15 anos de teatro com Brecht”

Matéria de Marcio Aquiles reproduzido do caderno Ilustrada da Folha de S. Paulo:

Para celebrar seus 15 anos de história, a Companhia do Latão resolveu unir Bertolt Brecht a Sérgio Buarque de Holanda na montagem da peça-ensaio “O Patrão Cordial”.

Com o intuito de mostrar a evolução dramática da encenação ao público, abriram as portas do Teatro de Arena Eugênio Kusnet para esta montagem que toma por base a peça “O Senhor Puntila e seu Criado Matti”, escrita pelo dramaturgo alemão quando estava em exílio na Finlândia.

Utilizando a “ética de fundo emotivo”, de Holanda, como conceito norteador para uma nova dramaturgia, acrescentaram cenas que dotaram a peça de fortes tons de brasilidade.

“Amplificamos a relação de Puntila com os outros empregados. E aumentamos a sua ética emotiva, que muda conforma lhe interessa. Com isso, intensificamos a dimensão melancólica e o potencial político da peça”, afirma o diretor Sérgio de Carvalho.

Utilizado por vários grupos brasileiros como referência teórica central ou como fonte dramatúrgica, o teatro de Brecht ganhou vigor cênico com a montagem do grupo.

Se na Alemanha muitas companhias optam por encenações mais formalistas, tornando às vezes o teatro de Brecht quase hermético, a Companhia do Latão carregou os aspectos do drama social e das relações pessoais.

“Nós discutimos esta subjetividade emocional no Brasil, por meio de uma peça popular, já que abordamos situações de trabalho e convívio em que o público se reconhece”, afirma Carvalho.
força no elenco

Com cenário bastante simples, moldado pelos atores para cada cena de acordo com o espaço físico da ação, “O Patrão Cordial” sustenta-se pelas atuações seguras de seus integrantes.

“A peça tem vários planos de ação, isso força os atores a criarem um mundo imaginativo. Desenvolvemos espaços além do palco, por meio da palavra e da música, o que torna o exercício teatral totalmente dependente do elenco e nos obriga a invenções de encenação”, diz Carvalho.

O diretor afirma que a peça será modificada ao longo desta curta temporada, aprimorando dicções, criando novas cenas e sentindo a recepção do público do Teatro de Arena Eugênio Kusnet, exato local onde, há 15 anos, surgia a Companhia do Latão.

O PATRÃO CORDIAL
QUANDO sáb., às 20h, e dom., às 19h; até 2/9
ONDE Teatro de Arena Eugênio Kusnet (r. Teodoro Baima, 94)
QUANTO grátis
CLASSIFICAÇÃO 12 anos

 

 

 

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Arena Conta Zumbi

10 Ago a 10 Set

Local: Teatros II | CCBB RJ
Horário: Quinta a domingo, às 19h30

Homenagem do Instituto Augusto Boal ao musical montado em 1965 e que se tornou um marco da trajetória do Teatro de Arena. De autoria de Augusto Boal e Gianfrancesco Guarnieri, com músicas de Edu Lobo, o texto retrata a luta dos quilombolas de Palmares e sua resistência ao jugo português.

Direção: João das Neves
Direção musical: Titane
Elenco: Benjamim Abras, Rodrigo Jerônimo, Alysson Salvador, Rodrigo Almeida, Evandro Nunes, Ricardo Campos, Kátia Aracelle, Josi Lopes, Carla Gomes e Júnia Bertolino

Informações
Data: De 10 de agosto a 10 de setembro de 2012
Idade recomendada:

Horário: Quinta a domingo, às 19h30
Local: Teatros II | Rua Primeiro de Março, 66 – Centro
Bilheteria: Terça a domingo, das 9h às 21h | Telefone: (21) 3808-2020
Ingressos: R$ 6 (inteira) e R$ 3 (meia entrada)

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