“El enigma Rimbaud”

Entrevista realizada por Andres Hax e publicada na Revista Ñ:

Arthur Rimbaud es un santo secular. Aunque en sus poemas y cartas, como en su vida misma, nunca elaboró una búsqueda de Dios ni de una vida eterna, la devoción de sus lectores –a través de casi un siglo y medio ya– va más allá de la literatura. Su abrupta producción literaria, entre los 16 y los 20 años, se considera un milagro. Es un milagro. Y su súbito abandono de la literatura es algo que también está en el orden de un milagro, por lo incomprensible. Nadie lo ha podido explicar. Aunque no buscaba a Dios, sí buscó –deliberadamente– una visión mística. A los 17 años, Rimbaud explicó su proyecto literario a su profesor Georges Izambard, en una de las cartas más famosas de las letras universales: “Quiero ser poeta y me estoy esforzando en hacerme Vidente… Consiste en alcanzar lo desconocido por el desarreglo de todos los sentidos… Y yo me he dado cuenta de que soy poeta. No es en modo alguno culpa mía”. En miles ¿millones? de cuartos de adolescentes, y de grandes escritores también, hay una postal o una foto del poeta maldito. Parece un niño. Esa foto es un ícono.

Y como con cualquier santo, su biografía es leyenda y mito. Aparte del abandono de la escritura hay varios misterios en la vida de Rimbaud. Viajaba mucho: a pie, en barco, en tren. Viajaba con un frenesí tal que aun si no hubiera escrito un poema es posible que hoy lo recordáramos como un personaje digno de una novela de Joseph Conrad o, por lo menos, como el de un libro del Corto Maltés. Muchos de esos viajes están documentados. Por ejemplo, como nos explica Jamie James en su nuevo libro sobre Rimbaud: “Graham Robb [uno de los últimos biógrafos del poeta] computó que en los años calendario 1875-1877 Rimbaud pasó veintiuno de treinta y seis meses en el mar o en el camino, visitó trece países y viajó más de cincuenta mil kilómetros. Verlaine describió de manera memorable a Rimbaud durante este período de su vida como ‘el hombre de suelas de viento’”.

Este libro de Jamie James, un ex-crítico de arte para la revista The New Yorker, que se acaba de publicar en Buenos Aires por La Bestia Equilátera, se llama Rimbaud en Java, el viaje perdido. Trata uno de los misterios más grandes de la vida de Rimbaud: su viaje a Indonesia, entre el 10 de junio de 1876 y diciembre del mismo año. Este viaje es un misterio porque sobre ello –a diferencia de su famoso exilio en el continente africano, por ejemplo– no hay nada escrito. Ni un poema ni una carta ni nada. Además fue en los meses posteriores a este viaje que Rimbaud dejó de escribir.

¿Cómo enfrentar este misterio, entonces? ¿Qué se puede decir sobre algo de lo cual no se sabe nada? Lo que hizo James fue entrar en un territorio no muy transitado en la crítica y la biografía literaria. Especula. Sin embargo, su breve y apasionante libro no es un ejercicio de ficción. James, quien vive en Indonesia desde el 2000, creó una especie de experimento de pensamiento. Nos lleva, con gran precisión, hasta el 15 de agosto del 1876, fecha en la cual Rimbaud se escapó del ejército holandés al que se había suscrito como mercenario con el propósito de viajar. Más tarde, James hace las siguientes cosas: utiliza documentos de la época para describirnos Java como fue durante la estadía fugitiva de Rimbaud; analiza minuciosamente las conclusiones de biógrafos anteriores sobre este episodio; especula sobre las varias cosas que podrá haber hecho el poeta; y, cuando es posible, afirma las pocas certezas que hay, por ejemplo: “Así y todo, puede sostenerse con confianza que hay un aspecto del viaje de Rimbaud a Java que tuvo un impacto indeleble para lo que le sobraba de su corta vida: fue su primera experiencia en una tierra predominantemente musulmana… Existe otro rompecabezas insoluble: ¿se convirtió Rimbaud al islam en Africa? El objeto más persuasivo para indicar que lo podría haber hecho es un sello de oro en el que hizo grabar la divisa ‘ABDO RINBO’, una abreviatura de ‘Abdallah Rimbaud’, que se traduce como “Rimbaud, sirviente de Allah”.

La realidad supera la ficción

Hablamos recientemente con Jamie James por Skype. Diez horas separan Buenos Aires de Jakarta, adonde se mudó James para vivir con su novio indonesio, en el año 2000. (¡Qué hubiera dicho Rimbaud de este mundo, donde la tecnología puede acercar tanto!).

-Desde que publicó el libro, ¿ha llegado a nuevas conclusiones sobre el tema?
-Creo que no. Una vez que termino un libro no pienso más en él. Si hay errores terribles, ya es demasiado tarde para cambiarlos. Este libro en particular, es muy idiosincrático, da un poco de vueltas. Por lo tanto, requiere cierta paciencia del lector para seguirme. Supongo que si tuviera que pensarlo nuevamente, sería un libro muy diferente de lo que es. De todas formas, fue muy editado. En un punto, era como dos veces más largo. Pero una vez que corto algo no dudo. Lo dejo afuera, sin arrepentirme.

-En algún momento quiso hacer una novela con este material. ¿Qué le impidió seguir este plan original? ¿Fue por un desdén de usar personajes reales dentro de una ficción?
-No necesariamente. Obviamente, no me negaba a la idea de hacer una novela, ya que inicié el proyecto determinado de completarlo. ¿Sabes lo que realmente me frenó? Hacer hablar directamente a Rimbaud. Porque él era un genio sumamente original. La única cosa que realmente podías predecir sobre él era su imprevisibilidad. Por lo tanto, intenté crear una novela sin diálogo, pero eso se volvió muy pretencioso. Parecía un truco. Después traté de hacer algo muy difícil, un planeamiento posmoderno: intenté usar para sus diálogos solamente palabras que Rimbaud mismo había usado.

-Eso hubiera sido muy bueno.
-Sí, pero era demasiado trabajo. Porque podrías usar pedazos de la poesía, pero mayormente tendrías que usar las cartas. Al fin me dio la sensación de que simplemente hubiera sido un truco, no más y, por lo tanto, cobarde.

-Y además escribía en inglés, entonces eso hubiera sido un problema adicional…
-Sí, pero eso no me molestaba tanto. Porque iba a ser mi libro. Pero no llegué muy lejos con ese método porque muy rápidamente se convirtió en algo muy artificial y sonaba como un truco. Entonces, ya estaba. Por más que dijera, “Arthur entró en el café, se sentó en un rincón y dijo: un café, por favor”, pensaba que tal vez no diría eso. Por allí diría algo totalmente descabellado, o diría algo insultante. Como te dije, la única certeza que se tiene sobre él es que era impredecible. Eso es lo que me frenó. Sentía que era como escribir un diálogo para Bob Dylan. Soy un escritor talentoso, pero no soy un genio como él. Poner palabras en su boca parecía presuntuoso –y no tenía la confianza para hacerlo. Aunque sí tengo confianza en mí mismo como crítico, entonces ese es el método que terminé eligiendo.

Rimbaud fue tan novedoso y su vida fue tan explosiva, que ha llevado varias generaciones asimilarlo. Como explica James en el primer capítulo de su libro –que es una excelente reseña de la vida y obra del poeta–, Rimbaud fue un precursor (o el inventor) del modernismo, del surrealismo, del verso libre y, también –en su tumultuosa relación con Verlaine– el creador, posiblemente, de la identidad gay contemporánea. Pero, sobre todo, es un poeta que te cambia la vida. Dice James: “La poesía de Rimbaud no es tanto una expresión artística, sino un nuevo modo de pensar”.

-Al principio, por más que se lo alababa como un gran poeta, se ignoraban ciertos aspectos fundamentales de su persona…
-Es verdad. Por ejemplo, en el momento en el cual yo leí por primera vez Una temporada en el infierno, el lector tenía muy poca ayuda. Se sumergía en el hecho de que en gran parte era un poema sobre su relación con Verlaine. Se leían los libros de Wallace Fowlie (fue uno de los primeros críticos y traductores importantes de Rimbaud en los Estados Unidos) ni siquiera podías darte cuenta de que Rimbaud era homosexual.

-¿Cuán importante es la homosexualidad de Rimbaud en cuanto a la devoción que inspira? Para Edmund White, uno de sus recientes biógrafos, fue una de las razones por la cual se enamoró del poeta de joven…
-No es lo más importante. No creo que yo haya sido atraído a Rimbaud por ser gay, aunque posiblemente tuvo algo que ver. Pero, volviendo a la penúltima pregunta, aún hoy hay un puritanismo cuando se habla de Rimbaud. En las antologías no se incluye el “Soneto al culo” que escribió con Verlaine. Di un seminario universitario hace poco sobre Rimbaud y hasta yo me encontré sintiéndome un poco puritano… les advertí que podría resultarles incómodo por momentos.

-Imagínese que existiera hoy un chico de 16 años con el talento y genio de Rimbaud. ¿Qué piensa que le pasaría? Rimbaud se dirigió a Verlaine. ¿Qué haría ese chico imaginario hoy para buscar un guía? ¿Iría, por ejemplo, a un taller literario?
-¡Un escritor como Rimbaud no se acercaría nunca a un taller literario! Pero la pregunta más pertinente es: ¿Es posible que nuestra sociedad produzca un escritor como Rimbaud? Tal vez, recientemente, David Foster Wallace fue alguien con algo de la pasión y la honestidad de Rimbaud. Pero una analogía más cercana sería Bob Dylan.

-Volviendo a su relación con Verlaine. ¿No le asombra que haya aguantado tanto abuso psicológico y físico de Rimbaud?
-Ah, pero alternaba con momentos de gran ternura y afecto. Hace falta recordar que hubo pilas de cartas que fueron quemadas por Madame Verlaine. No tenemos la historia completa de esa relación. Sin embargo, Rimbaud tuvo su costado psicopático. Era más que meramente difícil. Me voy por las ramas, pero el problema de hablar sobre Rimbaud como persona es que hubo tantas fabulaciones creadas a su alrededor. El creaba fábulas sobre él mismo, cuando se fue de Europa sus amigos crearon fábulas, cuando murió su hermana creó su fábula del hermano… Entonces es difícil saber cuál es la verdad. Es obvio, sin embargo, que fue extremadamente antisocial y que odiaba cualquier tipo de autoridad, en particular la autoridad intelectual. Pero me imagino que tiene que haber tenido un enorme encanto físico. No me refiero solamente a su belleza. Es obvio que representaba un ideal sexual para Verlaine.

-Aun de después de tantos años y tantos libros, Rimbaud no nos deja de asombrar.
-El barco ebrio aún hoy es asombrosamente y completamente nuevo. De alguna manera, Rimbaud inventó la idea de algo asombrosa y completamente nuevo. Después de Rimbaud, esto es lo que todo el mundo estaba intentando hacer. Inauguró esta idea de que se requería una novedad espeluznante para proclamar un gran talento. Esto se convirtió en una especie de norma en todas las artes. Y en la poesía fue Rimbaud el autor que trajo esto.

-¿Cómo espera que su libro se sitúe dentro del gran puzzle que es la vida de Rimbaud?
-Qué difícil… Esto lleva a hablar de uno de los grandes desafíos de escribir cualquier cosa creativa. La crítica no está en el mismo nivel que la novela y la poesía, pero es lo que viene después. He leído críticos que considero grandes artistas… El desafío de cualquier escritura de este tipo es mantener la determinación y la confianza en uno mismo y eso delata el inevitable olvido hacia el cual se está yendo tu obra. Concretamente, este es un libro para los devotos que conocen la histiora pero también para una persona que por allí sólo se acuerda de algunos poco versos que leyó obligado en la escuela. 140 años después de Rimbaud, este escritor aún tiene el poder de transportar a lectores a lugares que no existen en este mundo.

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