“Juan José Saer: una entrevista inédita, 15 años después”

Reproduzo do Clarín entrevista inédita com Juan José Saer:

La cita fue en el bar de un hotel, cerca de la estación Montparnasse y a pocos metros de su casa, según dijo. Juan José Saer ya se había ubicado en una pequeña mesa redonda y parecía relajado. Tenía un pulóver de lana color habano con una campera de gamuza, y una leve sonrisa, amigable, que daba confianza. Era el 24 de febrero de 1997 y ‘el Turco’ –como lo llaman sus lectores– estaba por cumplir 60 años. En ese tiempo, la Argentina era sacudida por el asesinato de José Luis Cabezas y todavía en Francia se usaban los francos, pero toda Europa hablaba de una moneda común que se iba a llamar euro.

El escritor santafesino, autor de obras maravillosas como El limonero real, Nadie nada nunca, Cicatrices y La pesquisa, entre otras,llevaba viviendo en París casi tres décadas y visitaba Buenos Aires cada vez que tenía la oportunidad. Fue una charla-entrevista de casi dos horas, que llevó toda la mañana hasta el mediodía. La charla comenzó con temas generales, casi irrelevantes, hasta que se inició esta entrevista que con el tiempo fue tomando cada vez más sentido: estaba hablando de Las nubes, anunciando La grande y augurando la aparición, algún día, de sus ahora Papeles de trabajo.


-Me dijeron que está por publicar un nuevo libro…
-Sí. Estoy terminando una novela que se va a publicar en septiembre, en Seix Barral, y al mismo tiempo estoy preparando un libro de ensayos, algunos publicados y otros inéditos. Los más recientes fueron publicados porque son pedidos que me han hecho, colaboraciones, pero en conjunto nunca habían sido publicados, salvo un pequeño volumen llamado Para una literatura sin atributos. Pero éste va a ser mucho más grande: va a contener todos los ensayos, papeles que estaban en los cajones, escritos en los años ‘60, ‘70 y ‘80. Todos los que sean más o menos recuperables y potables.


-¿Se van a editar solo en Argentina?
-Sí, por ahora sí. Después, al mismo tiempo, para la misma época, sale en San Pablo (Brasil) la edición portuguesa de La pesquisa. De modo que probablemente también vaya allá en la misma ocasión.


-¿De qué se trata la nueva novela?
-Bueno, la verdad es que la anécdota de mis libros no me gusta mucho contarla, pero no porque haya ningún secreto ni ninguna superstición, sino porque en general en mis libros la anécdota siempre es un poco secundaria. Y a veces ni siquiera hay anécdota…  Pero en este caso hay un poco más. (Estaba hablando de Las nubes, aunque supe el título recién cuando apareció en las librerías porteñas porque aún no lo anunciaba)

-¿Más? ¿Más suspenso, más litoral, más policial…?
-Es un relato que transcurre en 1804, pero escrito muchos años más tarde por un médico psiquiatra que tenía una clínica con otro médico en las afueras de Buenos Aires, y que viene hacia una ciudad del norte (al norte del Río Paraná), a buscar cuatro o cinco enfermos mentales para traerlos a la clínica. Entonces hace todo el viaje desde esta ciudad con los locos. Y también hay algunos soldados, dos o tres prostitutas que siempre siguen a los soldados, una monja con delirios místicos sexuales. Es una especie de western en realidad. No había abordado todavía el género.


-¿Del policial al western?
-Sí. Del policial al western. Hay indios también. Pero es una novela que hace tiempo tenía ganas de escribir.


-Y lo hizo, con todo: hasta una monja con delirios místicos sexuales. ¡Suena casi más fuerte que la pornografía!
-Es que la pornografía no es interesante. No me gusta. En realidad, cuando estoy cambiando el televisor y de pronto aparece uno de esos canales, todos lluviosos, con rayas para todos lados, que no se ve nada, ahí me parece interesante. Porque no se ve nada y ¡hay que imaginárselo todo!

-Me hizo poner colorada. Volvamos al western. ¿Reaparecen los personajes de siempre?
-Se supone que es un manuscrito hallado por un personaje (una vieja trampa, podríamos decir). Por el personaje de La pesquisa que está buscando al autor del manuscrito en las tiendas griegas, y entonces encuentra este manuscrito en la biblioteca.


-¿Soldi?
-Sí. Soldi encuentra este manuscrito y Tomatis se lo manda a Pichón Garay a París. Se lo manda en un diskette y Pichón Garay lee este manuscrito en la pantalla de su ordenador. Entonces la arquitectura de ese manuscrito es ese mismo manuscrito. Y al mismo tiempo hay una serie de cosas aparte del viaje. Viajan en medio de una inundación, después hay toda una serie de catástrofes…


-¿Sucede en el Litoral?
-Sí. Y a la inundación se suma una especie de verano de San Juan que se da anticipado, y poco a poco empieza a hacer un calor atroz. Después viene la Tormenta de Santa Rosa, de modo que también los agarra. Y un gran incendio en La Pampa también, y tienen que refugiarse en una especie de laguna, y el agua empieza a hervir. Y como dije, siempre en la llanura, en las inmediaciones del Río Paraná.

-Da la sensación de que cada una de sus novelas es un fragmento de una gran y única novela. ¿Hay algo de eso?
-Es un poco eso, efectivamente. Esa sería mi intención de algún modo, pero en forma menos lineal y un poco con la estructura de un móvil. Y cuando se va agregando un elemento, todo el sistema, la relación, las proporciones de las distintas partes, se modifican, cambian. Y esa es un poco la intención.


-¿Retoma espontáneamente las historias pasadas?
-Siempre cuando escribo un relato tengo, en general, en la cabeza, sino todo el conjunto por lo menos una parte de las cosas anteriores o las que van a venir después.


-¿Se identifica con alguno o varios de sus personajes?
-Con todos. Todo el mundo dice que el que más se me parece es Tomatis. Yo no creo mucho en eso. No creo en eso…


-Pero en algo cree…
-Yo creo que todos los personajes de un autor son un poco él.Recuerdo que una vez Borges criticaba Contapunto de Huxley. Una novela que estaba muy de moda (creo en los ‘70). Fue una noche, en un banquete, cuando conocí a Borges. Yo acababa de leer Contrapunto, que me gustaba mucho, entonces él me dijo “No, no me gusta esa novela porque dice que todos los personajes son él”. Entonces me pareció un argumento válido.

Pero ahora, pensándolo retrospectivamente, creo que no tenía razón. Creo que todos los personajes de Cervantes son Cervantes y todos los personajes de Dostoievski son Dostoievski. Y esa diferencia de distintos caracteres, el opuesto, es decir Yago y Otelo, son parte de la misma persona de Shakespeare. Es un poco así como veo las cosas.


-¿Cómo describe su relación con la figura de Borges?
-Digamos que Borges es Borges. Hay cosas de su épica, de su visión tradicionalista, que es lo que menos me motiva de su obra. Me aburren. Las historias de los compadritos están bien escritas, pero de nuevo, no me resultan tan interesantes como otras cosas. Siempre me propongo desmitificar la épica; me parece casi necesario después de lo que vivió nuestro país…

-Volvamos a su novela. Pichón se encuentra con este diskette. ¿El personaje va creciendo con su creador?
-Claro. El sistema referencial que yo he elegido hace que naturalmente vaya a eso. Pero, por ejemplo, el personaje de mi próxima novela va a tener 29 años y va a ser un vendedor de vinos. (Muchos años más tarde supe que me hablaba de Nula, el protagonista de La grande, su novela póstuma, publicada en 2005)


-¿Es consciente del lugar que ocupa hoy dentro de la literatura argentina?
-No. No sé. No pienso nunca en el lugar que ocupo. No me pienso a mí mismo en absoluto. Pienso en relación con mis libros. Si juzgo por la repercusión que tienen mis libros, la repercusión periodística, la crítica y todo eso, pensaría que ocupo un lugar importante. Pero eso es lo que se ve. Después hay mucha gente cuya opinión ignoro, a la que probablemente no le gusten mis libros. Pero nunca pienso en esos términos.


-¿Y en qué piensa?
-Pienso en la coherencia interna de lo que escribo. Eso sí me preocupa. Me preocupa escribir cosas en las que no creo. No podría hacer eso. Pero no como credos políticos o morales, sino estéticos. Más bien sobre todo en una frase o en una palabra en la que no creo, o en una frase que me parece que no puede salir de mí. Yo reconozco inmediatamente una cosa que he escrito o que no he escrito. Da lo mismo. Por ejemplo, un papel que se entremezcla entre mis papeles, lo leo y digo “ésto no lo escribí yo”, y efectivamente es así.

Y otra cosa que me preocupa también, en la cual pienso, y pienso cada vez más a medida que envejezco, es que me gustaría seguir creando con la misma energía, porque tengo muchas ganas de escribir muchas cosas todavía.

 

 

 

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